¿Cuál es la voluntad de Dios concerniente a la sexualidad humana?
¿Cuál es la voluntad de Dios concerniente a la sexualidad humana? Esa voluntad se demostró originalmente en la creación de los primeros seres humanos: “Varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). La decisión de Dios de crear una compañera femenina para el hombre no fue casual. La mujer reunía extraordinariamente tres criterios esenciales: (1) se necesitaba una compañía para el hombre (“No es bueno que el hombre esté solo” [Génesis 2:18]); (2) se necesitaba una ayuda idónea para él (Génesis 2:18,20); y (3) la raza humana debía perpetuarse a través de la unión sexual (Génesis 1:28). Jesús y Pablo reiteraron este mismo entendimiento (Mateo 19:4-6; 1 Corintios 7:2). Así que la mujer era: (a) el antídoto divino para la soledad de Adán; (b) una ayuda idónea para él; y (c) el medio de propagación de la raza humana. Aquí vemos el arreglo divino para la especie humana.
Dios pudo haber creado dos mujeres para Adán, pero no lo hizo. En cambio, hizo a un hombre para una mujer y para toda la vida. Esa es la voluntad divina.
El sexo ilícito es una desviación de la voluntad de Dios que la civilización americana está enfrentando. Dios calificó todas las desviaciones de Su voluntad concerniente a las relaciones sexuales como “fornicación”. El término griego, porneia, es un término amplio que cubre toda relación sexual ilícita, incluyendo el adulterio, el incesto, el bestialismo, la bigamia, la poligamia, la bisexualidad, la necrofilia y muchas más. Nuestra sociedad “loca por el sexo” es tan promiscua, y está tan apartada del enfoque divino de la sexualidad humana, que nuestras escuelas públicas consideran apropiado enseñar a los jóvenes que simplemente “tomen precauciones” cuando se comprometan en aventuras sexuales fuera del matrimonio. Pero Dios nunca animó a la gente a practicar el “sexo seguro”. En cambio, enseñó a la gente a ejercer el auto-control, la auto-disciplina y la responsabilidad moral. La Biblia enseña que no debemos ser auto-indulgentes. Debemos contenernos y controlar nuestros deseos sexuales según la voluntad de Dios.
Animar a los jóvenes a que “tomen precauciones” solo les anima a cometer actos ilícitos adicionales. Esto fomenta la promiscuidad. Contribuye a un aumento -no a una disminución- en las estadísticas de embarazos y enfermedades transmitidas sexualmente. A pesar de varias décadas de educación sexual en las escuelas, y la promoción del así llamado “sexo seguro”, las estadísticas nos informan que en los próximos treinta días, 83,850 jóvenes no casadas quedarán embarazadas en los Estados Unidos (“Teens in Crisis”, 2001, p. 1). El enfoque de la gente liberal en este país concerniente a este tema no ha funcionado. De hecho, el problema ha llegado a ser peor.
Los riegos de la sexualidad en adolescentes
Las estadísticas muestran que los riesgos son altos y confirman que los adolescentes no suelen ir bien preparados. Entre los riesgos más destacados:
•Embarazo.
•Enfermedades de transmisión sexual (SIDA, etc.).
•Experiencias adversas que conllevan actitudes negativas hacia su autoestima, seguridad, confianza, e incluso, hacia su futura vida sexual. Algunas de estas experiencias se realizan sin preparación alguna, bajo los los efectos del alcohol, drogas, etc. acentuando los efectos negativos.
•Riesgos de suicidios y abortos, esto se da ya que por lo general el hombre huye la responsabilidad de la paternidad dejando a la mujer abandonada, la cual por estar sola, toma desciciones peligrosas contra su vida y la de su hijo.